martes, 28 de agosto de 2012

El paso del mito al lógos
Veamos ahora más concretamente las características intelectuales de estos dos períodos, las etapa pre y filosófica. Simplificando, los griegos, que fueron un pueblo muy curioso que no dejó de preguntarse por el movimiento de los astros queriendo encontrarles un principio fundamental capaz de proporcionar una explicación global y satisfactoria de lo que sucedía, incluido el hombre, produjeron muchas respuestas, la mayoría míticas y algunas no tanto. Cuando entre las muchas respuestas posibles se prefirió la explicación racional a la explicación mítica, tuvo lugar podríamos decir el nacimiento de la filosofía. La pregunta por el universo, por la naturaleza, por su origen y la causa de sus procesos era ahora una pregunta racional, basada en análisis y que requería análisis, no bastando el mito para convence. ademas El nacimiento de la filosofía no fue algo fabuloso. Como todo a lo largo de la historia, fue un proceso que maduró hasta caerse por su propio peso. El hombre, en esencia, es una pregunta lanzada al universo. Una incertidumbre. Por eso tiende de forma natural hacia el conocimiento. Pero una cosa es una incógnita y otra muy distinta su respuesta.
Antes del comienzo de la filosofía el hombre ya intuía que el mundo era mucho más complejo que lo que sus instintos le advertían. Ahora estamos acostumbrados a domesticar los elementos, a adaptar la naturaleza a nuestros deseos. Pero hace miles de años el ser humano era simplemente un espectador de un mundo en constante cambio. Y tuvo que buscarle un sentido.
La primera forma que tuvo el hombre de afrontar este tipo de preguntas fue recurriendo a la imaginación. Y cuando hablo de imaginación no me refiero a su capacidad de inventiva, sino a la capacidad humana de representar en el pequeño teatro de nuestras mentes la realidad que nos rodea. Sólo así podemos establecer comparaciones entre objetos que, en la realidad, no son ni parecidos.
El problema de la comparación es que siempre se necesitan referencias y para los primeros seres humanos todo giraba en torno a ellos. Por eso su explicación de los fenómenos naturales pasó a tener un cariz de premio o castigo. Un volcán era un castigo, un día soleado un premio. La superstición y la espiritualidad nacieron de ese caldo de cultivo. Los dioses comenzaron siendo elementos naturales –una montaña, un oso, un árbol- que decidían sobre el destino de los hombres. Y es curioso que una de las primeras deidades antropomorfas fuera una mujer: símbolo de la vida.

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