El paso del
mito al lógos
Veamos ahora más concretamente las características intelectuales de estos dos
períodos, las etapa pre y filosófica. Simplificando, los griegos, que fueron
un pueblo muy curioso que no dejó de preguntarse por el movimiento de los
astros queriendo encontrarles un principio fundamental capaz de proporcionar
una explicación global y satisfactoria de lo que sucedía, incluido el hombre,
produjeron muchas respuestas, la mayoría míticas y algunas no tanto. Cuando
entre las muchas respuestas posibles se prefirió la explicación racional a la
explicación mítica, tuvo lugar podríamos decir el nacimiento de la
filosofía. La pregunta por el universo, por la naturaleza, por su origen y
la causa de sus procesos era ahora una pregunta racional, basada en análisis y
que requería análisis, no bastando el mito para convence. ademas El nacimiento de la filosofía no fue algo fabuloso. Como todo a lo
largo de la historia, fue un proceso que maduró hasta caerse por su
propio peso. El hombre, en esencia, es una pregunta lanzada al universo.
Una incertidumbre. Por eso tiende de forma natural hacia el
conocimiento. Pero una cosa es una incógnita y otra muy distinta su
respuesta.
Antes del comienzo de la filosofía el hombre ya intuía que el mundo
era mucho más complejo que lo que sus instintos le advertían. Ahora
estamos acostumbrados a domesticar los elementos, a adaptar la
naturaleza a nuestros deseos. Pero hace miles de años el ser humano era
simplemente un espectador de un mundo en constante cambio. Y tuvo que
buscarle un sentido.
La primera forma que tuvo el hombre de afrontar este tipo de
preguntas fue recurriendo a la imaginación. Y cuando hablo de
imaginación no me refiero a su capacidad de inventiva, sino a la
capacidad humana de representar en el pequeño teatro de nuestras mentes
la realidad que nos rodea. Sólo así podemos establecer comparaciones
entre objetos que, en la realidad, no son ni parecidos.
El problema de la comparación es que siempre se necesitan referencias
y para los primeros seres humanos todo giraba en torno a ellos. Por eso
su explicación de los fenómenos naturales pasó a tener un cariz de
premio o castigo. Un volcán era un castigo, un día soleado un premio. La
superstición y la espiritualidad nacieron de ese caldo de cultivo. Los
dioses comenzaron siendo elementos naturales –una montaña, un oso, un
árbol- que decidían sobre el destino de los hombres. Y es curioso que
una de las primeras deidades antropomorfas fuera una mujer: símbolo de
la vida.
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